Este “homenaje a ellas” no va a ser al estilo de Silvio Rodríguez -quien rindió tributo a nuestras madres y mujeres-, ni va a ser un reconocimiento a las conquistas sociales del “sexo débil” (faltan las interrogantes antes de las comillas), ni serán unas palabras sonrientes para las mujeres por su sacirficio, inteligencia, cariño o capacidades. Quien alguna vez haya leído algo en esta bitácora sabe perfectamente que no aborda “asuntos sociales”.
Se trata muy a las claras de un muy merecido homenaje a aquellas mujeres que me han querido cuidar sin tener ningún vínculo genético conmigo, a aquéllas que han querido cuidarme y quererme a pesar de mí mismo y de no haber llegado yo a cuidarlas de la misma manera. Estas líneas son un agradecimiento para quienes me han querido y yo he sido capaz de notarlo y reconocerlo así, y -además- han tenido paciencia conmigo, han querido arriesgarse o apostar por mí, han lanzado su cariño sobre mí, han estado a mi lado porque sí, han aceptado mis defectos y los han amado… y todo, todo ello desgraciadamente sin conseguir que todo esto fuera de ida y vuelta. Sin lograr lo mismo de mí hacia ellas. (Lo siento, a veces no sale). Porque han sido algunas y, sin embargo, yo este nivel a que ellas han llegado sólo lo he tenido con una o, a lo sumo, dos personas.
Muchas gracias por quererme incondicionalmente. Por tratar de entenderme y cuidarme. Por ser y mostraros así. Os debo una, una muy grande. Y me jode bien no haber estado como vosotras.
Un besote enorme. ¡Sois tremendas!
