Los milagros

By Israel

Es una auténtica pena no creer en los milagros.
He sido el destino de mi propia caída.

Sabía que sucedería, pero no quise hacerme caso.
Conocía la respuesta antes de abir la primera interrogación. Y no quise apartarme del fuego.
Alimenté una esperanza con toda mi ilusión. Y vi que sus ojos estaban volando en otro lugar.
La respuesta la tenía alojada en el esternón para hacerme el duro.

Ahora que se confirman los hechos y que las palabras ya las he escuchado sólo puedo decir: lo sabía, pero quería jugar ese juego porque lo necesitaba.
Necesitaba las llamadas, los mensajes, sentir amor por alguien. Sentir que te escuchan, que conectas, que estás vivo porque vives soñando su cuerpo y añorando su voz.

Te daré un abrazo enorme.

Has vuelto a la vida y me siento responsable de ello.
Tal vez tú no lo sepas, pero te he salvado de tu muerte, aunque vuelvas a caminar hacia ella.

Es curioso porque nunca he sabido perder ni conformarme y sin embargo necesito que te vaya bien en adelante. Aunque esa respuesta también la sé de antemano.

Mucha suerte… siempre recordaré que se me paró el corazón al recibir el mensaje que confirmó lo que conocía. Y los latidos entrecortados leyendo tus palabras de “adiós”.

Tú eres estupenda.
Yo no me reconozco.

Hasta siempre, Diez.

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